Despedidas

La convivencia, el día a día, resaltan nuestros defectos y hacen sacar lo peor de nosotros, normalmente te contienes, callas, respiras hondo y persite tu cara bonita con aquella sonrisa que parece que tu vajilla esté intacta, a sabiendas que cuando rebientas quien recibe lo hace por todas partes. Hoy me ha pasado, no he tolerado  una actitud diaria y he explotado, no me siento orgullosa, pero hay que verbalizar las cosas. Me he questionado el motivo por el cuál ha pasado, a parte de un cúmulo de días seguidos de trabajo, romper  6 años de relación hoy había una cena, despedíamos a una de aquellas personas peculiares cuyo carisma se basaba en el cinismo, los comentarios deasgradables en ocasiones pero alguien que de alguna manera ha ganado mi afecto. Al verle me ha venido una mezcla de sentimientos e imágenes pasadas, frases como la de aquél dermatólogo que un día me dijo que costaba dejar a las personas, o el médico del cole que que me comentó que puedes tardar un minuto en conocer a una persona pero toda una vida para olvidarla. Sabias palabras.
Un día conoces a alguien y de pronto algo te lo arrebata
cuanto vacío en tan poco tiempo.

stb

Despierta, ya es Septimbre, no sé porqué te muestras tan ofuscada, sabes que el verano queda atrás, sabes que estás preciosa, que  es en estos días en los que dejas atrás el barullo de  las noches en las que te sorprendíamos tan adornada que  parecías disfrazada, son en los que  admiro tu casi serenidad. Y hoy vas de gala, llevas tu color  característico en este mes, has pasado un agosto dorada y ahora vistes de gris recordánconos lo que hemos dejado atrás, unos más que otros. Y entonces me das qué pensar, lo que ha sido, lo que tuve y lo que me espera. Sonrío, lejos quedan las tardes en las que me sorprendía en callejuelas rodeada de inmigrantes, guiris y otros despojos urbanos. Siempre he pensado que llamarte ciudad condal ha sido una nemez, demasiado altiva como para ser condesa, demasiado informal para reina..
Ahora solo impaciento por ver la preciosa cara que  se te queda, una vez has descargado toda tu melancolía y permitas que los reflejos de los charcos te muestren  por partida doble.