Cuarentena.

Los días de escapadas furtivas “al terrat”, se convirtieron en semanas, las semanas en meses y nuestras rutinas caseras se convierteron en la nueva normalidad. Subíamos casi de puntillas para no hacer ruido por la ilegalidad del evento, por no poder acudir a los espacios comunitarios, pero sabéis que no podemos vivir sin aire, sin actividad, sin sol ni sin nuestras pequeñas trampas que os ayudaran a ser más críticos y a vivir .

Cuántas pelotas llegamos a colar en las terrazas de los edificios que nos rodean. Aún recuerdo la primera ve que bajastéis a la calle, Ignasi había chutado la pelota de princesas disney un poco más alto de lo tolerado, con lo que se cayó en picado a Guillem Tell, con un perfecto movimineto rectilineo uniforme acelerado. Os entró el vértigo al pensar en cruzar la puerta de entrada al edificio significara salir a the other side de Strangers Things.

La vecina del sobreático, a la que teníamos el cerebro chamuscado con nuestras corredizas arriba y abajo, jugando al pilla pilla, la gallinita ciega, el picaparet, subía de vez en cuando a “petar la xerrada” manteniendo una sutil distancia de seguridad, y nos explicaba de forma entrañable preciosas historias de vida de una persona octogenaria. Menos Netflix y más abuelas!

También era muy divertido colarla al edificio de al lado, las vecinas nos tiraban la pelota desde su quinto piso a la calle con una sonrisa. Por Sant Jordi les regalastéis un dibujo a cada una como eterno agradecimiento.

Sant Jordi, creo que nunca me había hecho tanta ilusión las rosas que nos trajo papá, ni la maceta con rosas que por sorpresa nos llegó de un supuesto mensajero de Glovo al cuál no dejasteis de atosigar hasta que se marchó. Sois súpergraciosos cuando os excitáis en presencia de una persona ajena a casa pero que consideráis amigable.

Incluso los días de lluvia subíamos a llenar cubos con el agua de las cañerías y jugábamos a llenar el paraguas hasta que el agua cedía y nos acabábamos de remojar. Qué rápido nos dimos cuenta de lo fácil que podía ser encontrar la felicidad que nos habían extirpado con este secuestro domiciliario, qué grande fue reinventarnos! Y qué pena colar todas las pelotas a un lugar inaccesible. Por suerte Robert tuvo la genial idea de ir a casa de sus padres a buscar el ultimo balón.

Entonces llegó un horrible día, algún vecino había escrito una tediosa nota amenazando en llamar a los Mossos a quién hiciera usofructo de la terraza. Pasamos 24h sin subir, mi mal humor, indignación y mi incomprensión por la falta de empatía hizo que acudiéramos de nuevo, me negaba a renunciar a el único espacio de libertad que teníamos. Allí arriba nos encontramos a las Sras del 4º, dos hermanas también octogenarias que podrían escribir la revista cuore de la comunidad porqué están en todo. Ellas habían arrancado la nota y seguramente montaron un aquelarre con élla. Pero a mí, ese acto de desafío por parte de las superiaias me hizo sonreír y seguir con el hábito diario de subir. De hecho, los vecinos, teníamos unos horarios establecidos en los que apenas coincidíamos hasta que una tarde, mientras tendía la ropa, Alicia se acercó a dos vecinitos que intentaban tomar plácidamente el sol y que terminaron endulzando los días del confinamiento, dándonos un extra de energía, un gran empujón. Jugando con nosotros, haciendo ioga, dibujando con nosotros con las tizas en el suelo…Compartiendo el castigo pandémico.

La tarde previa al día en que los niños podían salir una hora a la calle, subió el vecino que supuestamente había escrito la nota junto a su hijo para tomar una fotografía del Puig de l’Àliga, conocida con el nombre sacado de una frase demoníaca de la Biblia Tibi Dabo

Tibi dabo», en latín significa «te daré» y es lo que el diablo le dijo a Jesús, según la Biblia, mostrándole los reinos de la Tierra desde una gran altura en los siguientes versículos:

  • «…et dixit illi haec tibi omnia dabo si cadens adoraveris me»— «Y le dijo: Todo esto te daré si te postras y me adoras» (Mateo 4:9);
  • «…et ait ei tibi dabo potestatem hanc universam et gloriam illorum quia mihi tradita sunt et cui volo do illa» — «Y le dijo el diablo: Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregado y se lo doy a quien quiero.» (Lucas 4:6).

La cosa está en que se puso a hablar conmigo, y como no, a explicarme historias vitales. Adoro escucharlas, me estaba aliando con el enemigo. Su hijo, se puso a jugar con Ignasi y Alicia con nuestra última pelota, hasta que Oh No! se coló en la terraza inaccesible. Les dió tanta pena que terminaron por regalarnos la suya con la cuál decían no jugar. La trajo su mujer, son un matrimonio tan dispar que son la pareja perfecta, y el niño es un amor de persona, pero les gusta el silencio. Fue gracioso analizar como me hablaba desde la distancia pero con confianza, confesó tener pánico a contagiarse de coronavirus, y estar sufriendo porqué su hijo jugaba con los míos. Des del respeto nos veía como un foco de infección, un posible camino hacia la muerte, admitiendo ser extremadamente hipocondríaco

Ha sido divertido conocer a los vecinos, ver como se organizaban las personas de los edificios colindantes, los que subían a las tejas con su copa de vino, la familia que hacía cada día una clase de gimnasia, los que paseaban a modo hámster por sus terrazas, los que bailaban, los que tomaban el sol, los que brindaban por haber hecho un parón en la vida y haberse reencontrado a ellos mismos.

Qué lejos queda la cuarentena, y qué poco hace.

Gracias niños, por haber encajado la situación infinitamente mejor que yo, por la lección que me habéis dado de saber estar, de adaptación. Por dejaros conocer aun más y sacar lo mejor de mi, por haber secundado mis ideas de bombero y haberlas mejorado.

Ahora, cada vez que subimos, lo hacemos para admirar el Tibidabo, a agradecerle estar allí y habernos regalado cada día sus cambios cromáticos A haberle dado luz, pureza, color e ilusión al gris que nos rodeaba.

Me parece maravilloso haber aprendido a valorar la grandeza de la normalidad.

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