dia cinco de cole

y llega el viernes, Ignasi sigue jugando conmigo, me paso las tardes arriba a bajo botando, rodando, de pie en pie, de mano en mano y como adoro el protagonismo decido quedarme entre los barrotes del edificio colindante a la escuela. Merezco un fin de semana de descanso.

Clara, cuando llevo medio minuto posicionada increpa a una chica con maletas que casualmente está a punto de entrar en el edificio.

  • Hola saps qui viu a l’entresol primera? és que acabo de picar al timbre i no responen.
  • Sorry is my first day in Barcelona.

Del balcón de al lado sale una señora, le explicamos lo que ha sucedido y nos explica que ella no puede entrar en la habitación porqué el piso es compartido y no puede acceder a la estancia del otro inquilino. Le preguntamos si podemos ir a buscarla el fin de semana y vaya, ella trabaja desde muy temprano pero promete que el lunes me bajará a la portería de la escuela.

¡Bieeen finde de relax!

Ignasi Peich y la leyenda de la pelota y el aire acondicionado

Podría decir que era un martes cualquiera, pero no, era martes, el segundo día de escuela después de las vacaciones de verano. Ignasi estaba con su pelota dando puntapiés junto a varios niños. Yo estaba charlando con dos madres más cuando una niña de siete u ocho años me dijo:

  • Tú eres la mamá de Ignasi, el que coló la pelota el año pasado encima del aparato del aire acondicionado!

Sí, me sentí como : hola soy Clara Sánchez, me conoceréis como la madre DE, tras una infancia siendo la hija DE y una adolescencia siendo la hermana DE. Suerte que nunca me he casado.

Poco después de ese comentario, se hizo un silencio en la plaza, las 40/50 personas que estaban allá, miraban hacia la ventana del primer piso de la escuela.. la pelota se había quedado atrapada allí, entre dos persianas metálicas. Ignasi vino hacia mi, para que le salvara la papeleta. Pero ya tiene seis años, ya le toca mediar con sus problemillas. Subió los tres escalones, llamó al timbre, abrió una hermana de unos setenta y pico de años, entre el castellano de Ignasi y lo inverosímil del relato, parece ser que la sra no se enteró de nada. El legendario Ignasi le cogió de la mano, la ayudó a bajar los escalones y nos demostró que una imagen vale más que mil palabras.

Subió al primer piso, habló con la sra de la limpieza cual súperheroina y siendo aplaudida por todos los miembros que estábamos en la plaza, la empujó hacia la calle.

Volvíamos a tener la pelota!

Un milagro en equilibrio

La habitación estaba iluminada por la brillante luz de las 10h de la mañana de un día cualquiera de agosto, porqué cuando estamos de vacaciones o trabajamos de noche, qué más da. Era pequeña, había una lavadora al fondo a la izquierda, una mesa con capacidad para seis personas, un sillón en el que te habías sentado en el que se podían leer los libros que algunos peregrinos habían dejado en la estantería que había en la pared. Olía a suavizante para la ropa de flor de loto. Y estaba inundada del silencio real que pocas veces conocemos en vida los que somos de ciudad.

Los niños estaban haciendo yoga con Eulalia a 500 m en el césped del tan recóndito como acogedor cámping. Disponíamos de media hora sin niños mientras se hacía la colada, estaba absorta imaginando un rato para los dos, un momento más de mirarnos a los ojos y dejar que fluyera el tiempo de esa manera en la que treinta minutos se suceden como si fueran dos. Me giré para besarte y de pronto habías desaparecido. De golpe una ola había vuelto a derribar el castillo de arena. Por un momento entristecí y me sentí llena de vacío. Salí a la calle a buscarte y no estabas- Lejos de desesperarme, me senté en el sillón en el que te habría desnudado y como mínimo me habría abrazado a tí. Abrí un libro, elegí ese en el que Lucía Etxebarría describe su embarazo y puerperio de tal manera que no se sabe si es una historia real o propia, posiblemente como esta que estoy narrando ahora.

Marià cubí va néixer aquí!

Pensem en turistes, en oci nocturn mediocre, en botigues de souvenirs amb vestits de sevillanes, però aquí neix la frenologia i aquí ens allotgem per fer una pausa i descobrir un ascensor que ens durà a la torre del castell i després al parc de les porqueries.

I la companyia va millorant cada dia a la vegada que veiem racons on els arbres neixen a dins de les cases abandonades, vivim pluges de cubells d’aigua , el vent juga amb la nostra pilota…

Una pausa de la no rutina del dia a dia.

I, q mai ens faltin els berenars de pa amb xocolata!!!

A B C ria

Hay personas previsoras, con consciencia de que para vivir más relajado es mejor tener la mayoría de los ítems planificados, así, en general, personas que hasta se hacen una lista para ir al súper y nunca sabrán lo que es bajar a comprar únicamente aceite y volver a casa muerta de la risa por haber hecho una compra de más de 50 e en que óbviamente te has dejado el aceite. Esas personas que creen que eres un desastre pero que nunca tendrán el placer de vivir estas situaciones a modo aventura.

El miércoles por la tarde volvía del pueblo a casa para ir a trabajar. Pasado Castellolí me doy cuenta de que el icono de la gasolina del coche está en rojo, estoy en depósito.. Mi cerebro de persona confiada de la vida confia ciegamente que los próximos 69 KM encontraré una gasolinera. Así que mantengo el aire acondicionado con la temperatura a modo Tibet, escuchando en la radio la historia de las stolperstaines y otras informaciones relevantes para nutrir mi subcultura general.

Llego a Barcelona, qué wai! no me he cruzado con ni una gasolinera! y cha chaaan! en la ronda se avanza a una velocidad media de 8km/h… la rallita de gasolímetro está tocando al límite, mi cabeza piensa: Clara, ni te preocupes, siempre acaba pasando algo en el último segundo y se resuelve el problema, aunque entonces mejor si apagas el aire aunque vuelvas a tener la sensación de verano tropical. Venga va.. y no avanzo, y el coche hace un ruido raro, acepto que noto una ligera presión en el pecho compatible con ansiedad con lo que decido salir de la ronda por aquello de que si se me para el coche almenos, no dar tanto por saco a los demás y sobretodo por si me paro tener luz solar.. el coche está ralentizándose, me cuesta avanzar en segunda marcha, ya estoy pensando en buscar el teléfono de la asegudadora cuando de golpe, a modo oasis en medio de una travesía en el desierto, aparece una gasolinera, vuelvo a sentir la satisfacción personal de los que me he vuelto a salvar por los pelos de una calavera ( estupenda expresión es de mi padre).

Y así aparco , justo he quedo con Elena, para merendar antes de entrar a Sant Pau, atravesando el barrio de Gracia veo que se mantiene la estructura del mercado de l’Abeceria, mi madre me dijo que era de Eiffel, pero a mi no me sonaba de nada, así que por una vez la Vickipedia no tenía la verdad absoluta y fue desbancada por la Viquipèdia en la que explica que esta es de uno de los maestros de Antoni Gaudí, Joan Torras i Guardiola.

Elena a que no saps què?

water falls

Ignasi, si et poses així al carro de la compra és possible que caiguis i et fagis mal. No creus que és millor baixar?

I clar, com les mares ho saben tot fins a l’adolescència, l’ignasi rellisca i es pica el nas contra el suposat volant del carro (i això que no estavem jugant als rallyes)

Un cop sec al nas, això ha de fa mal, i comença a plorar i l’agafo en braços i llavors com sempre té una flor al cul, una depenenta ve amb dos gots de minifuets de campofrío molt colorits i li regala (a l’alícia també, tot i que a ella no li ha calgut fer-se mal)

i quan arribem a casa arriba el “mama vull aigua siusplau” i li facilito l’ampolla d’aigua que “mama ja la obro jo”, i “ignasi, millor agafa un got, si vols pots estrenar el nou”, “ja sé beure sense que em caigui” i la mama amb la seva absurda fe cega que té en general amb tot, veu com l’aigua cau a tot arreu menys a la boca de l’Ignasi.